En el mes del pomo presentamos la historia del vino en una region particular, la Rioja en ESPAÑA.

 

Historia del vino en La Rioja


El cultivo de la vid llegó a La Rioja procedente de los pueblos mediterráneos a través del Valle del Ebro. Se habla de los romanos, de los fenicios, e incluso de los primitivos pueblos celtíberos que ocuparon las tierras riojanas. Una historia milenaria de la que son testigos los restos de cerámicas de la época romana, las fuentes documentales escritas en los monasterios de San Millán, de San Martín de Albelda y Valvanera, y los conjuntos de lagares rupestres de la Sonsierra riojana.

Precisamente, los monjes fueron los principales difusores de la cultura vitivinícola. En La Rioja, en el Monasterio de Suso de San Millán de la Cogolla, un monje nacido en el pueblo de Berceo (1.198) escribió los primeros versos conocidos en lengua romance. En su obra "Los Milagros de Nuestra Señora", del siglo XIII, Gonzalo de Berceo hace referencia al vino en estos versos:

"quiero fer una prosa en román paladino,
en cual suele el pueblo fablar con su vezino,
ca non so tan letrado por fer otro latino
bien valdrá., como creo, un vaso de bon vino".

Por los fondos documentales de los monasterios riojanos sabemos también que en la Edad Media el vino no era una simple bebida, sino una de las bases más firmes sobre las que descansaba la alimentación humana. La regla monástica femenina, transcrita en el año 976 para ser observada en el monasterio de las Santas Nunilo y Alodia, cerca de Nájera, permite a las monjas que beban la tercera parte de una emina, ración marcada por San Benito para los monasterios masculinos.

El vino formaba parte de la dieta alimenticia cotidiana, como se demuestra en un diploma de comienzos del siglo XIII, contenido en el Cartulario de San Martín de Albelda, donde constan las provisiones de vino del monasterio a los campesinos para los trabajos de vereda, y en la comida, la merienda y en la cena si iban a arar; junto con las raciones de pan, queso y carne. En la sociedad medieval, desde el siglo X hasta el siglo XV, tanto el trigo como el vino hicieron las veces de moneda, y en los frecuentes tiempos de carestía de cereal, el vino desempeñó un papel primordial en los intercambios.

En otros documentos sobre donaciones de los monarcas se constata la importante actividad vitivinícola de la época. La "Carta de población de Longares", fechada en 1063, se considera el primer testimonio de la viticultura riojana; en el año 1102, el rey Sancho de Navarra reconocía jurídicamente los vinos riojanos.

El primer antecedente histórico de la Denominación de Origen Calificada Rioja se sitúa en el siglo XVI, en 1560, cuando los cosecheros logroñeses eligieron un símbolo que fuera testigo de la calidad: una anagrama que correspondía a un entrelazado de las iniciales de los apellidos de los componentes, que se grababa a fuego en los pellejos que se enviaban al exterior.

En el siglo XVII, ante el considerable aumento de viñedos se establecen medidas que prohiben nuevas plantaciones (Calahorra, 1609). En 1632 los propietarios de las bodegas situadas en la calle Ruavieja, solicitaron al Ayuntamiento de Logroño la prohibición de circular carruajes herrados por las calles próximas, "para evitar que la vibración pudiera alterar los mostos " y así favorecer la calidad de los vinos.

En la época de Carlos III surgió la Real Sociedad Económica de Cosecheros de La Rioja Castellana, como ampliación de la Junta General de Cosecheros de Vino de Logroño, que en 1790 celebró su primera asamblea en Fuenmayor, con la participación 52 localidades riojanas. Allí se planteó la necesidad de construir y mejorar los caminos para buscar nuevos mercados y facilitar la salida del vino riojano, sobre todo a través de los puertos del Cantábrico. Algunos ejemplos de estas iniciativas son los puentes que se construyeron en Torremontalbo y Casalarreina.

Las enfermedades de la vid que llegaron a Europa procedentes de América a mediados del siglo XIX permitieron la renovación de los vinos riojanos. Primero fue el "oidium", una plaga que afectó a la producción en la década de 1855-65 y que supuso el abandono del cultivo de algunas zonas marginales y la sustitución parcial en ciertas áreas de las variedades enfermas por otras más resistentes. Después, la filoxera arrasó los viñedos franceses en los años 70 y los viticultores franceses buscaron la importación a gran escala de la producción española, y especialmente de La Rioja por sus condiciones naturales parecidas a las francesas.

De las estrechas relaciones con los viticultores franceses, los riojanos aprenden el método de elaboración y envejecimiento de los vinos en barricas de roble, el "modo bordelés". Siguiendo las técnicas francesas se crearon las principales bodegas del vino de Rioja, sobre todo en el corredor del Ebro entre Haro y Logroño, próximas a las estaciones del ferrocarril como nuevo medio de transporte. Son las bodegas centenarias del Barrio de La Estación, en Haro.

A finales del siglo XIX, en 1892 se funda la Estación de Viticultura y Enología de Haro, que desarrolla estudios de mejora, control de calidad y control analítico de las exportaciones. En 1902 se promulgó una Real Orden que definía el "origen" para su aplicación a los vinos de Rioja. En 1925 se aprobó un sello de garantía, con carácter de marca colectiva, para los vinos de Rioja y se autorizó la delimitación de la zona vinícola. En 1926 se crea el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rioja, la más antigua de España, que adquiere la máxima categoría de "Calificada" en 1991, la primera y única en nuestro país.

fuente: http://www.larioja.org/turismo/viajar/vino_y_gastronomia/

 

 

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